Los amuletos en la historia del arte.

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Los amuletos están presentes en la historia de la humanidad desde tiempos inmemoriales. Son objetos a los que socialmente les hemos adjudicado un valor simbólico y espiritual. Su función principal es protegernos del mal y proveernos de la virtud.

Los encargados de «El Árbol de la Vida», una tienda de artículos exotéricos abierta en Valencia desde el 2016, nos cuentan que los amuletos nos abren a otras culturas. Otras formas de afrontar e interpretar las cosas que preocupan al ser humano, como la vida, la muerte, la salud o la prosperidad.

Las creencias forman parte de la cultura de los pueblos. Influyen en su sistema de representación del mundo. En cómo las comunidades humanas se relacionan entre sí y con lo que los rodea. Desde luego, eso tiene su reflejo en el arte.

Para comprenderlo, haremos un recorrido por el origen de algunos de los amuletos más conocidos. Cómo surgieron y cómo han llegado hasta nuestros días.

La mano de Fátima.

La Mano de Fátima o Jamsah, en alusión a Fátima az-Zahra, la hija de Mahoma, es un símbolo bastante extendido en el Islam, en el Judaísmo y en las primeras comunidades cristianas como los armenios.

Consiste en una mano extendida del revés, con un ojo dibujado en el centro de la palma. El ojo de Dios. Representa, sobre todo, protección. Nos protege ante el mal de ojo. Otros les asignan otras propiedades como la atracción de riquezas, salud y abundancia.

Los judíos es el pueblo que comenzó a utilizar con más frecuencia este símbolo. Aparece en los frescos de las paredes de la Sinagoga de Durà Europos, datados en el año 244 antes de Cristo, en la actual Siria. Y lo podemos encontrar también en los mosaicos de la Sinagoga de Beit Alfa, en Galilea, construida dos siglos después.

Algunos historiadores conjeturan que el origen de este símbolo hay que encontrarlo en la escritura jeroglífica del antiguo Egipto. Otros se lo atribuyen al pueblo cartaginés, originario de la actual Túnez, quien lo utilizaba como representación de la diosa Tanit. Los cartagineses extendieron este símbolo por el norte de África desde el año 820 antes de Cristo. Incorporándolo por parte de los bereberes, uno de los pueblos originarios del Magreb, dentro de su iconografía mística.

Aunque los árabes no son los creadores de este amuleto, sí son los que más lo han usado y difundido por el mundo. Mahoma utilizó algunos elementos del Judaísmo y del Cristianismo para dar forma al Islam.

Para los árabes, la mano de Fátima expresa el deseo de: “Qué Alá te proteja”. Por eso es frecuente encontrarlo en la puerta de las casas, como protección del hogar frente a los peligros que vienen de fuera o como colgante, para proteger la salud de la persona que lo lleva.

Los relicarios.

El Cristianismo integra la imaginería religiosa en la vida cotidiana a lo largo de la Edad Media a través de los relicarios. Se trata de cofres preciosos que albergan reliquias de los santos y que se considera que contienen sus poderes. Así, por ejemplo, venerar las reliquias de Santa Rita o San Judas Tadeo, patrones de lo imposible, permite a los fieles alcanzar sus objetivos más difíciles.

Los relicarios comenzaron colocándose en iglesias y edificios religiosos, como un reclamo para la peregrinación. Pero ya en el siglo XII se empiezan a observar en alcobas de palacios pertenecientes a la realeza y a la alta nobleza. La popularidad de estos objetos se fue extendiendo poco a poco al conjunto de la población cristiana, albergando en su interior reliquias que no siempre pertenecieron a los santos originales.

Relicarios de gran valor artístico son por ejemplo el Cofre de la iglesia de Santa María de la Asunción en Arbázurza (Navarra). Se trata de una caja de madera construida en el siglo XI, chapada con plata rebujada que contiene la figura de los santos de la parroquia.

Otro de los relicarios más representativos es la arqueta del Monasterio de Silos, en Burgos. Fabricado en el siglo XIII. Se trata de un pequeño arcón de bronce esmaltado con figuras en sobre-relieve.

Ya en la edad media se empiezan a construir diferentes tipos de relicarios. Los de arqueta o templete tienen forma de caja, imitan a un templo, con sus arquerías y columnas. Los Ostensorios, por otro lado, adoptan la forma de una torre, con un tejadillo o cúpula en la parte de arriba, que se puede abrir, para guardar en su interior los objetos sagrados. Posteriormente, se fabrican los bustos, que recogen la imagen de la cabeza del santo, bajo la cual se encuentra un pequeño cajón.

El Cornicello.

Son colgantes con forma de cuerno que se suelen colocar en el cuello, pendientes de una cadena. Bastante habituales en el sur de Italia, sobre todo en Nápoles.

Aunque algunos historiadores encuentran un cierto paralelismo entre estos objetos con ciertos amuletos que se utilizaban en el neolítico para atraer la fertilidad, lo cierto es que se empiezan a popularizar en Italia durante el Renacimiento, en el siglo XV.

El blog 17 Cosas indica que se trata de los cuernos de la fortuna. Y que su función es atraer a quien lo lleva colgado del cuello la suerte, sobre todo en materia económica.

En un principio eran tallados por artesanos sobre huesos y astas de animales. En la actualidad, los podemos ver fabricados con multitud de materiales: plata, oro, cristal, cerámica, etc. Adoptando vistosos colores y una forma como de pimiento retorcido.

En los siglos XVIII y XIX fue un amuleto bastante popular entre los napolitanos. Nápoles y la región Capaia, a la que pertenece, es una de las zonas más pobres de Italia. Sus habitantes, para poder prosperar y tener una vida mejor, se veían obligados a emigrar. Sobre todo a América o al norte del país. Los napolitanos antes de partir llevaban un cornicello colgado del cuello, para alcanzar el éxito que deseaban con sus viajes y repeler las envidias sobre su persona.

El trébol de 4 hojas.

El trébol de 4 hojas es otro símbolo mágico que se pierde en los albores del tiempo, pero que su transmisión al mundo del arte y su adopción como amuleto es relativamente reciente.

Se trata de una modificación genética bastante frecuente entre los tréboles. Una hierba que crece con tres hojas con forma de corazón. Por tanto, no es complicado encontrar un trébol de estas características en un prado.

Se supone que su valor exotérico se lo atribuyeron los celtas y que alcanzó bastante arraigo en Irlanda y Gran Bretaña. Cuenta el periódico argentino Clarín que según la leyenda, quien encontraba un trébol de 4 hojas, tenía la capacidad de ver los espíritus malignos. Por tanto, podía apartarse de su camino para que no les afectara en la vida. Por eso, el trébol de cuatro hijas es sinónimo de buena suerte.

Su reflejo en el arte y en los objetos no es frecuente hasta la época del barroco, en los siglos XVII y XVIII.

El barroco se caracteriza por ser un estilo artístico recargado. En esa época, para adornar muebles, marcos para cuadros y el pie de las estatuas, se recurre a tallar la madera con motivos vegetales. Para eso se emplean elementos con un cierto simbolismo. Es entonces cuando vemos el trébol de 4 hojas dentro de los objetos artísticos.

Alguien que tenía un mueble castellano con un trébol de 4 hojas, aparte de quedar bonito, simbolizaba que atraía la suerte para su casa. Pronto, estos tréboles empezaron a aparecer en los escudos heráldicos de las familias y en algunas joyas. Llegando a representar un símbolo identitario para países como Irlanda.

El elefante blanco de la India.

El elefante blanco es un símbolo budista originario del norte de la India, que tiene una nutrida representación en objetos decorativos y artísticos en aquel país. En la actualidad, su popularidad se ha extendido por todo el mundo.

Para los hindús, el elefante es un animal inteligente. Encarna la sabiduría y la determinación. Con los pies bien puestos en la tierra, es capaz de abrirse camino hasta encontrar su alimento. Utiliza su trompa para beber y arrancar hierba o frutos, que luego se lleva a la boca. Además, su memoria prodigiosa evita que caiga en errores que cometió en el pasado.

El elefante también representa protección para el hogar. Al ser un animal grande y fuerte, protege la casa de los peligros. Es frecuente encontrar dos estatuas de elefantes a la entrada de las casas, los templos y los negocios en la India.

Lo normal es que la figura del elefante aparezca representada con la trompa levantada. Es un símbolo de fuerza y fertilidad. Sobre todo, a nivel masculino.

Si además, el elefante es blanco, simboliza buena suerte. Los elefantes albinos son un fenómeno que existe, pero es tan raro, que quien alguna vez se encuentra alguno puede decir que ha tenido mucha suerte. De ahí que los blancos sean los amuletos de elefantes más apreciados.

Más allá de nuestras creencias personales, de cómo veamos estos objetos, como hemos podido comprobar, la presencia de los amuletos forma parte de nuestra cultura.

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